«Para cambiar el mundo primero hay que cambiar la forma de nacer» Michel Odent

Cuanta verdad hay en esta frase! Y es que sus libros y escritos fueron, entre muchos otros como los de Casilda Rodrigañez, Consuelo Ruíz Vélez…. Mi única preparación a mi primer parto. Así que no hace falta que me alargue explicando porque en el blog también habrá un espacio para maternidad y crianza no? La frase lo resume todo… 🙂

Años antes de quedar embarazada o plantear-me realmente querer ser madre, ya me interesó este tema, me movía una gran pasión sobre como cambiar este mundo y todas las partes despertaban en mi mucho interés. Que revolución interna tuvo para mi!

Mi primer embarazo llegó justo cuando la comunidad en la que vivía estaba en un momento débil, en momento de transformación y necesidad de mudanza pero con pocas energías grupales y mucha precariedad económica. La forma en que me había planteado criar era así, en comunidad, no vislumbraba como hacerlo de otra forma y tampoco me gustaba mucho la idea… pero la comunidad se deshizo, no el grupo de personas con las que guardo un amor enorme, pero si el espacio y núcleo de convivencia y proyecto.

Mi pareja y yo nos empezamos a construir una yurta para poder vivir, dar a luz al bebé y estar tranquilas un tiempo, la precariedad era algo muy pesado en ese preciso momento pero tuve la gran suerte de estar acompañada por un montón de personas bonitas que hicieron posible la historia que os voy a explicar. 

Porque compartir la historia de mi parto? 

Nos han bombardeado con historias de terror sobre los partos en todas las vías posibles para tener-nos miedosas, infantilizadas, sin control sobre nuestro cuerpo, ni momento vital… tanto, que puede ser una larga y difícil deconstrucción personal poder llegar a parir como cada una desee, a parir sin tener miedo y/o a parir con placer, en definitiva a recuperar la naturaleza de los partos. 

Creo que leer historias de partos puede ayudar a ver formas distintas, puede ayudar a desmitificar un momento de la vida precioso y único, a ver-lo como lo que es, un proceso fisiológico natural para el que todas estamos preparadas y en el que, como parte de la vida, hay luz y también oscuridad.

Por último dar gracias a Maria y al equipo de Migjorn para animarme a escribir mi parto a los pocos dias ya que, aunque es algo que no se olvida jamás, ahora puedo recordar-lo tal cual como en ese momento lo viví. 

MI PARTO, EL NACIMIENTO DE IRU:

No sabría decir cuándo empezó realmente mi parto, pero unos días antes tenia la sensación de que no iba a suceder, estaba tan a gusto embarazada que empecé a tener la sensación de que ese estado de felicidad y armonía iba a retrasar muchísimo el nacimiento de mi bebé, también porqué pensaba que él también estaba genial dentro de mí.

La noche que salía de cuentas un amigo daba un concierto, yo decidí no ir y quedarme sola con mi bebé y charlamos larga y profundamente, repasamos todo lo que nos había pasado durante este tiempo juntos, cerramos cosas pendientes, le expliqué (después de prepararme sola) que yo ya estaba preparada para que el naciese, para seguir juntos de otra forma, le hablé sobre el “mundo exterior”… y le dije que cuando él estuviese preparado podía nacer, que no había prisa pero que era mejor hacerlo un día de esos… bueno y más cosas…

La  mañana siguiente cuando desperté, perdí el tapón mucoso. Estaba tranquila aunque muy emocionada y contenta, no notaba contracciones ni nada extraño mas que una leve sensación como si me fuese a bajar la regla, así que seguimos con el plan del día y vinieron a comer unxs amigxs; comimos una “mousaka” deliciosa que preparó María y luego, a media tarde, acabamos de preparar todas las cosas que faltaban para el parto, hinchamos una piscina, preparamos comida, limpiamos todo… eran las ocho o nueve de la tarde y decidí ir a descansar, no tenia contracciones pero notaba que en las siguientes horas empezaría todo; Dormimos, aunque yo no me dormí profundamente y sobre media noche ya notaba unas contracciones muy suaves, como auténticas olas, que notas que vienen antes de que estén aquí y tal como vienen retroceden y se vuelven a fundir en el inmenso mar. Bizu empezó a calentar ollas para ir llenando la piscina y encendió una velita, también iba contando el tiempo de las contracciones… yo estaba encantada, me sentía muy feliz y tranquila, en otro estado y me parecía la noche mas bonita que había vivido nunca, muy sensual. Aún me lo parece.  Así nos pasamos la noche, aunque el sentido del tiempo era otro y a mí, aunque no me daba cuenta, se me paso volando. Eso me sorprendía muchísimo esa noche, alguna vez que le indicaba a Bizu cuando venia y se iba una contracción y le preguntaba cuando había durado, el me respondía que minuto o minuto y medio y no me lo podía creer, ya que para mí eran unos pocos segundos. 

Bueno, por la mañana temprano llegaron Adela y Blanca y, aunque yo tenia muy claro que no miraría en todo el parto cuanto había dilatado, ya que pensaba que hay que dilatar del todo y no importa saber cuanto se lleva dilatado, decidí hacerlo. Había dilatado muy poco, tan solo había empezado a dilatar y eso me desanimó muchísimo. Aunque lo estaba pasando realmente a gusto hasta entonces, esa información me sacó de ese estado fantástico en el que estaba y por un momento me desanimé pensando que el parto seria muy largo, temí cansarme demasiado, aparecieron miedos ocultos e impaciencia… Bizu me animó y nos tumbamos a dormir un rato. Unas horas mas tarde, me desperté con las contracciones un poco mas intensas y de esta parte no recuerdo mucho con claridad/realidad, hacia calor, mucho calor y yo estaba entre la pelota, el suelo, la cama… notando como todo se iba intensificando rápidamente, me ayudaba algo que me dijo mi madre, que viviese cada contracción como una menos y no como una mas, como algo que te acerca a tu bebe. Recuerdo que cuando ya era muy muy intenso, hubo un momento que el calor (40 grados) me dificultaba respirar bien y descansar, entonces me metí en la piscina (que ya no estaba caliente) y eso me alivió mucho (el calor), allí viví el final de la dilatación. Hubo un momento que recuerdo que pensé que no podía mas, que me rendia…. también tuve un rato como un dolor extraño entre contracción y contracción que no me dejaba recuperar bien las fuerzas. De repente recordé algo que había leído, que al final de la dilatación era muy habitual sentimientos de ese tipo, de no poder mas, de rendición… y que indicaba eso, el final de la dilatación. 

Así pareció ser. Salí de la piscina y al poco tuve como el primer reflejo o necesidad de empujar, es como que el cuerpo lo hizo solo, no había duda de que tenia que empujar, estaba clarísimo. En ese momento no recuerdo dolor, o al menos dolor como podía parecer, tenia la necesidad de empujar muy muy fuerte, como una fuerza sobrehumana, y así lo hacia y la sensación me impresionaba un montón, notaba como mi bebé estaba saliendo de dentro de mí. Le quise tocar y noté algo muy muy blando que ya estaba a punto de salir. Después, recuerdo como en un pujo muy fuerte se rompió la bolsa y luego empezó a salir su cabecita, en ese momento me costaba no caer en la tentación de empujar todo el rato; aunque no me desgarré, puede que pujase en algún momento entre contracciones.

Le tocaba con la mano y le veía por un espejito, hasta que al fin salió y le pude coger, estaba precioso, me miraba y estaba allí tan tranquilo como si nada hubiese pasado y resbalaba un montón. Nos tumbamos en la cama y al poco parí la placenta, despues nos cortaron el cordón… aunque no recuerdo nada de todo eso ultimo, solo recuerdo estar en mi cama con mi bebé y así seguimos no se cuantas horas y dias…

Así fue mi parto, el nacimiento de Iru, que si tuviese que resumir en pocas palabras creo que serían: intenso y alucinante… UN GRAN VIAJE!

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